Asfixia regulatoria

La asfixia regulatoria, consiste en el establecimiento de multitud de leyes, decretos, normas, providencias y regulaciones, de confusa y ambigua la interpretación, que permiten amordazar la democracia. De esta manera un gobierno puede mostrar una imagen de aparente formalidad democrática cuando no lo es. Se recrea una cultura de banalización de la arbitrariedad, pues no existe manera de decidir de manera consistente, cuando las normas se contradicen unas con otras. La administración de la justicia deja de estar sujeta a la razón jurídica y pasa a ser un asunto de imposición por la fuerza a través del sometimiento de los poderes públicos. No obstante, el costo en gobernanza para el populista puede ser alto: los extractores de renta pueden terminar como los verdaderos regentes del poder.

Un eficiente sistema de asfixia regulatoria deja al ciudadano, en una condición técnicamente inevitable al margen de la ley, prácticamente todo está sumido a normas contradictorias y de imposible cumplimiento. El estadio superior de un sistema de asfixia regulatoria se alcanza cuando los poderes públicos pierden su autonomía e independencia.

La asfixia regulatoria permite asegurar más control sobre la vida de las personas, por ejemplo, se crea un Comité de Subasta de Divisas, cuyo objeto constituye administrar, regular y dirigir el Sistema de Divisas de Tipo de Cambio Complementario Flotante de Mercado (DICOM), con autonomía para el ejercicio de sus funciones. Inmediatamente surge todo tipo de interpretaciones, desde las inverosímiles hasta aquellas rodeadas de “simplismo” lógico:”es una maxidevaluación oculta”, “es un distractor de la opinión pública de los graves problemas del país sin cambiar nada” y así sucesivamente. El caso es que son medias verdades, de una verdad superior: ciertamente el Gobierno utiliza el marco regulatorio para reforzar su poder económico, político y el control social. Sin embargo, necesita establecer orden en el mercado cambiario fuera de control, a la larga un contexto de incentivos perversos que favorece a los extractores de renta con poder discrecional e información privilegiada, también perjudica la gobernabilidad pues el poder puede inclinar la balanza en favor de los extractores de renta, en detrimento de quienes ejercen el gobierno. Por otra parte, como el sistema está trabajando en las últimas, con el mismo personal mal remunerado, con una pésima administración del ancho de banda de las comunicaciones y fallos de todos los servicios, una plataforma creada idealmente para resolver el problema lo agudiza, de modo que se recrea un espacio donde convergen las necesidades de quien requiere un servicio con urgencia y un sistema arruinado, lo demás se le deja al lector para que haga sus propias conclusiones. Como el Gobierno sabe de esas circunstancias, se puede valer de las mismas regulaciones para sancionar a quien desee porque todo el mundo para solventar sus problemas, tiene de manera obligada que situarse al margen de la ley. Cualquier actividad simple desde renovar un documento personal, hacer un pago de servicios públicos, solicitar un servicio de conexión telefónica, de electricidad, lo que sea, requiere una cantidad de trámites que obstaculiza hasta las cosas más sencillas de la vida, es el mundo de la asfixia regulatoria. Una vía cómoda para resolver es colocarse en una cola de personas que se anotan con el gobierno y,  terminar votando y apoyándolo, pues guardan la esperanza de que, alguna suerte les permita transformarse en flamante administrador de una parcela en el ejercicio de ese nuevo oficio de gestor de la escasez de todo, al margen de la ley, pero dentro del sistema de vida social imperante. Es este desorden el que constituye el mecanismo anti frágil del populismo pues se disipan las responsabilidades y todo parece difuso.

Un régimen autoritario con la fuerza de la asfixia regulatoria deja poco espacio para el ejercicio de los más elementales derechos del ciudadano. Los ciudadanos con aspiración de una nación verdaderamente democrática están obligados a conocer, antes que posible, la naturaleza de la asfixia regulatoria con el dominio de los aspectos jurídicos y políticos de la defensa de los derechos civiles.

La asfixia regulatoria tiene efectos económicos sobre la base productiva del país que se manifiesta en una caída brutal de la actividad económica. Anteriormente, el gobierno podía por la vía de importaciones masivas podía compensar parcialmente los efectos de la baja producción interna pero, a la larga la la destrucción de la capacidad productiva es tan grande que ningún flujo de importaciones puede aliviar la escasez en Venezuela. Es, por ello que pensamos que, el Banco Central de Venezuela dejó de ofrecer información sobre la balanza comercial de Venezuela desde el año 2015 y sobre la escasez desde marzo 2014, la evidencia es contundente.



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