El vaho de La Carbonera

Por las laderas de la quebrada del Arado, hacia la alzada del Páramo de los Venados, iniciamos el ascenso, dos niños, sus cartones de dibujo y fulgen, un cachorro del Valle que nos hizo compañía, los iniciados pintores observaban las tortugas voladoras, los cangrejitos planeadores, los peces plata, todos regados por el cielo. En otro sitio sobre una terraza, de frente al Cerro del Café, en meditación contemplativa bajo el crepúsculo de la tarde, la bella de las prendas de las mandarinas, con sus dos infantas, tocaban los colores que el limpio resplandor de enero dibuja sobre el firmamento. Tres magos siguen su estrella, ellas fluyen desde el atardecer y nosotros caminamos desde el amanecer, conversamos en aquellos lugares, ofrecimos las hojas del eucalipto y las moras silvestres, recibimos los gajitos de las naranjas y los bombones de Canoabo, en pensamientos quedó un relato.

Fulgen

I

Sube el vaho sobre La Carbonera,
los verdes, rojos, azules, …,
todos se van con el rocío,
quedando solo el gris,
el obscuro,
nuestra presencia,
la de un cachorro cavilando,
pues ignora lo que sentimos,
únicamente percibe grises,
entre claros y sombras.
La magia de los senderos es poderosa,
cuando llega el mundo de los aromas,
y nos sumerge intensamente,
en las especias del vivir.

II

Desde la penumbra del páramo,
de níveo amanecer,
nacen multitud de verdes,
algarabía de aves,
aromas siguiendo las señales del tiempo,
de la extraviada flor de los caminos,
de quienes la que visitan,
instantes de confesiones,
es el sitio donde lo inmenso,
se guarda en lo pequeño,
de aquellos cartones,
donde caen del cielo,
especies marinas,
tortugas, cangrejitos y peces.

III

Se escuchan las aguas de La Carbonera,
deslizando entre rocas,
cubiertas con sus musgos,
remolineando en cada intersticio,
pasando las caricias,
de aterciopeladas algas,
pececillos de la escorrentía que danzan,
en deslizante roca que silva,
las entre aguas de diversos encuentros,
y tallan la fuerza que se las lleva,
ondas turbadoras de los pasos,
fuerza de abajo,
donde se sostiene,
un botón de flor,
de ramas yertas,
donde las aguas quieren,
aparecer todo como si uno quisiera
las sinfonías de tu lejanía.

Para descargar el verso: El vaho de La Carbonera
6 de enero 2017
Francisco J Contreras M