Pintores, musas y poetas

Musas, pintores y poetas

Los poetas pueden vivir en desamor, pero jamás sin la Musa del atrevimiento, ella tiene protagonismo diferente a las que posan para el pintor.
Una vez el aprendiz de los versos, fue tocado por la Musa, se le presentó con una cayena en sus cabellos, fue pura entrega, alegre hasta cuando entristece, ni en sollozos pierde la hermosura de vivir, ama demasiado, siempre ha estado con el trovador, en casi todas sus exposiciones, así sea desde la puerta exterior, con su cercanía él se llena de su divina presencia.
Cuando la Musa se presentó de Mares le dijo: “eres diferente pues trabajas al amor sin expectativas”, el aprendiz creía que tenía muchas y sintió temor de que tuviera razón, a ella nada le sorprende, es un atrévete a más, le debe la aventura de hacer públicos los desafueros del corazón.
La Musa vino de Balcarce, siempre perturba el estudio, allí donde solo existe orden al amanecer y cuando llega el crepúsculo de la tarde, “Bravo aprendiz, tienes todo, suelta lascivia, libera en verbo la sensualidad de la mirada, si tocas adentro con los gestos y gracia, con letras llegarás donde quieras, si piensas o escarmientas lo que hagas perderá interés”.
La Musa cuando es del silencio, es concluyente con la fuerza de un abrazo ya sabe que la letra llegará bien donde sea, con ella se entiende desde la mirada y el caminar, solo canta, nunca habla, solo susurra y se abriga con suspiros.
Pensó, el pintor también tiene papeles, en el poeta los bastidores son las calles, salones, especias, música, cosas sin presencia física, sus pinceles y pinturas son de complejidad diferente, pues el toque de una escobilla o la salpicadura de la acuarela y peor una gota de óleo, sobre la Musa, puede ser fatal, ella está en el atelier, efímera y voluble con delicado sentimiento, arrojando las luces de creatividad sobre las notas del bardo, deleitando sus adentros al toque de cada copla.
Así nacen las glosas donde respiran los amores de la vida.

21 de marzo de 2017

Francisco J Contreras M