Un arrequinto corto

Un arrequinto corto

Por los años sesenta pude tener un tambor de vida, nació de barrica, de alguna piel de corderos de Miquija, se prensó con tornillos y cintura metálica, en lugar de las cuerdas del mecate, de las cintas de cocuiza, o de alguna palma que al escampe del sol, se tostara sobre tus contornos, después de quinientas cuatro lunas, hemos pasado en esta tarde, en la conversa de tus ausencias.

El cumaco de los tres clavos

Tambor has regresado,
a pesar de tus años
cañón corto,
de curtida piel,
con las marcas
de final de un retiro,
conservas tus oficios últimos,
posadero de vasos
de bebedores
de “cañandonga”,
con tu correaje de sostén,
los que te unieron
sobre mis cuadriles,
se guarda el doblez,
donde transitamos,
las noches de San Juan,
aquí estamos,
en las mismas condiciones,
con tus colores
desprendidos,
con mis lágrimas
contando historias,
en cada piel,
se va la tuya también,
se nos presentó la moza
de los recuerdos,
siempre la recordaremos,
Edita
aquella muchacha bonita.

28 de Enero de 2017
Francisco J Contreras M